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Los alumnos hoy muestran hábitos muy distintos a los estudiantes de décadas anteriores. No sólo son nativos digitales, sino que sus prácticas de lectura han cambiado y esto exige que los docentes asuman un nuevo rol.

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Durante el seminario “Educar en la era de los grandes buscadores” realizado en Santiago, que se llevó a cabo en el marco de la reunión técnica anual de la Red Latinoamericana de Portales Educativos (RELPE) y de la celebración de los 10 años del portal educarchile, distintos expositores pusieron énfasis en los cambios que ha experimentado el aprendizaje en esta última década y los desafíos que eso conlleva para los docentes.

Alejandro Piscitelli, académico y consultor de destaca trayectoria internacional, sostuvo que “la educación convencional, la educación que tiene que ver con expertos, era una educación en tiempos en que la información era escasa y estaba concentrada. Se terminó ese mundo, la información ya no es escasa y está en todos lados. Hay que imaginarse de nuevo el mundo educativo; la educación en este escenario ya no puede seguir siendo sólo transmisión de contenidos, sino transacción, interacción, en otras palabras: enseñar a aprender”. Y agrega: “no quiero decir con esto que no haya que enseñar a leer y escribir, sino que hay que ver cómo llegamos a los chicos sin quedarnos en tediosos exámenes que al final lo único que hacen es evaluar cosas repetitivas”.

Efectivamente, el mundo ha cambiado: ya no son sólo los expertos los que desarrollan conocimiento (basta ver lo que ocurre con el fenómeno de Wikipedia) ni los jóvenes de hoy son los mismos de ayer. Algunas cifras entregadas por Piscitelli hablan por sí solas:

A los 21 años, los jóvenes tienen 20.000 horas de TV, 10.000 horas de videojuego y 5.000 horas de lectura. En cuanto al impacto de las redes sociales, el académico cuenta que los adolescentes han llegado a abrir su cuenta de email con el único propósito de acceder a Facebook.

El académico apunta a que si se quiere atraer a los adolescentes de secundaria a las actividades pedagógicas se tiene que generar un tipo de situación dinámica y acorde a sus intereses, como por ejemplo, los videojuegos: “¿los videojuegos son estúpidos? (se pregunta) Pues depende. Un buen videojuego necesita 100 horas de trabajo para ser resuelto”.

Desafío para los educadores

El panorama descrito nos lleva a un escenario que no podemos ocultar: la práctica del proceso de enseñanza-aprendizaje ha cambiado; incluso, los dispositivos electrónicos han modificado la forma de leer. Los alumnos ya no se entusiasman con las actividades pedagógicas de antaño. “Se requiere de un mayor trabajo de pares, que no haya repetición ni evaluaciones tradicionales”, asegura Alejandro Piscitelli.

Por su parte, durante la conversación que siguió a la conferencia de Piscitelli, Guillermo Sunkel, oficial de Asuntos Sociales de la CEPAL, afirmó: “la era de Internet viene a poner en jaque el paradigma de la educación como transmisión. Como lo reconoce el mismo Alejandro Piscitelli en su libro “Nativos Digitales”, el sobre énfasis en la transmisión que obliga al docente a hablar interminablemente y al alumno a callar no menos concordantemente, se resiste a desaparecer en el ámbito de la educación; la introducción de la TV, el video y ahora la computadora en red ha sido irrelevante en algunos casos porque en vez de potenciar el carácter productor de los nuevos lenguajes: narrativa y medios, se los ha utilizado simplemente como ilustración y amplificación de una voz poderosa, asimétrica; hasta ahora el uso de la tecnología en el aula no ha hecho sino perpetuar un discurso verbalista y monolítico… En todo caso, insistiría yo en la persistencia de un cierto modelo de comunicación en el sistema educacional”.

Sunkel añade que cuando se concibe el conocimiento como actividad y experiencia, y no sólo como hechos de información que hay que transmitir, los hechos empiezan a vivir. “Aquello que se resiste a la memorización y al aprendizaje automatizado se asimila fácilmente si los alumnos están inmersos en actividades y experiencias que usan estos hechos para planes, objetivos y propósitos en dominios coherentes del conocimiento”.

El académico destaca que la cultura digital hoy pone en jaque la autoridad del profesor, que estaba tradicionalmente fundada en el monopolio del saber. El acceso ilimitado que permite Internet a las fuentes del saber o del conocimiento ahora le quita al profesor del monopolio del conocimiento y lo hacen entrar a competir con otras fuentes de información, por tanto pierde un cierto control. “La figura tradicional del maestro entra en un proceso de transición, pues su rol ahora es el de mediador. Es un golpe al ego de la profesión, en el sentido que no es lo mismo ser el maestro, el que tiene la verdad, a ser el mediador, cuya función es totalmente diferente. Su labor es guiar, orientar la navegación como si llevara el timón del barco”.

Una tarea nada fácil, más aún si consideramos que los profesores son “inmigrantes digitales”, que están en desventaja frente a los “nativos digitales”, que son los alumnos. Pero este cambio de paradigma no sólo alcanza a los docentes, sino también a todo el ámbito de las políticas públicas. Soledad Ferreiro, directora de la Biblioteca del Congreso Nacional, sostiene que se deben desarrollar nuevos mecanismos de evaluación, distintos al Simce, que sean capaces de medir la creatividad de los estudiantes, porque la tecnología es una herramienta a la que hay que saber sacarle partido.

Si se trata de políticas públicas, de estrategias para dar valor a portales educativos, Ernesto Laval, presidente de TIDE y consultor de Education Impact, es categórico: lo primero -antes que cualquier otra iniciativa- es detectar muy bien cuáles son las necesidades de los docentes. “El gran capital de un portal uno tiende a pensar que está constituido por la gran cantidad de contenidos que tiene y yo creo que el gran capital está en la gran cantidad de usuarios”. 

La tarea de los portales educativos

Comenzando con la pregunta “¿Para dónde vamos y qué sentido tiene seguir alimentando los portales educativos en una era de grandes buscadores, en una era de Wikipedia, en una era de Google?” Ana María Raad, directora del portal educarchile, recordó que el problema ya no es el acceso, sino la usabilidad: cómo mejorar la experiencia educativa, la didáctica, el proceso de aprender, que esto tenga sentido finalmente. Según los resultados del Indice de Generación Digital, el 42% de los alumnos en Chile considera que sus profesores no los motiva en nada a utilizar Internet para fines educativos. Además, no reconocen al profesor como el gran mediador. “Es por eso que los portales tenemos el desafío de apoyar a los docentes para hacer esta bisagra, este espacio de conversación, de los alumnos con los contenidos, con la experiencia educativa”.

La directiva especificó que dicha tarea exige dejar de ser meros repositorios de contenidos y grandes bibliotecas digitales, para ir un paso más allá: ser articuladores de experiencias. Los docentes buscan en los portales educativos contenidos y también herramientas para hacer clases, mientras los estudiantes se interesan por los videojuegos, los videos y la música. “debemos complementar una política pública que tiene un mandato de equidad y de calidad –explica Ana María Raad-, los portales deben proveer contenidos sin caer en formatos aburridos que desconecten al alumno y al profesor de una experiencia más rica en términos educativos”.